EL DIARIO / LOS DÍAS DE EN MEDIO
Soledad en una relación a distancia: cómo vivir bien con ella
Sentirse solo es parte de amar a alguien que está lejos. Cómo ponerle nombre, suavizarla y evitar que se adueñe de tus días.
Hay un silencio muy particular que llega justo después de colgar una buena videollamada. La pantalla se apaga, el cuarto sigue igual que antes y, sin embargo, se siente más vacío que hace una hora. Si estás en una relación a distancia, seguramente conoces bien ese silencio. No significa que algo ande mal contigo ni con la relación. Significa que quieres a alguien que no está en la habitación.
La soledad en una relación a distancia no es un problema que se resuelve una sola vez. Se parece más al clima: va y viene, y con el tiempo aprendes a abrigarte. Lo que sigue no es una cura, solo algunas formas honestas de convivir con ella.
Ponle nombre a tu soledad
"Soledad" es una palabra muy amplia. Ayuda ser más preciso, porque cada tipo de soledad pide cosas distintas.
- Soledad del cuerpo. Extrañas una mano en la espalda, alguien recargado en ti en el sillón. Hablar más no la resuelve del todo.
- Soledad de testigo. Nadie vio lo pequeño que te pasó hoy: el pájaro raro en el balcón, el comentario absurdo de tu compañero de trabajo. Quisieras que alguien hubiera estado ahí.
- Soledad social. Tus fines de semana se sienten flacos. Tus amigos suponen que estás ocupado con tu pareja y dejan de invitarte.
- Soledad de futuro. No extrañas nada en concreto ahora mismo; estás cansado de no saber cuándo termina la distancia.
Cuando aparezca el sentimiento, pregúntate cuál de estas es. La respuesta suele indicar qué te ayudaría de verdad.
Pequeños remedios para cada una
Cuando extrañas el contacto
Tu cuerpo está pidiendo consuelo, así que dáselo. Una cobija pesada, un baño largo, una caminata en la que de verdad sientas los pies en el suelo. Abrazar a una amiga cuenta. También un masaje, una clase de baile o un perro que se te recarga encima. Nada de esto reemplaza a tu pareja, y no tiene por qué hacerlo. Solo le recuerda a tu sistema nervioso que alguien lo cuida.
Cuando quieres un testigo
Comparte las cosas pequeñas, no solo las grandes. Una foto del pájaro, un audio de diez segundos sobre el compañero. Algunas parejas llevan una nota en el celular llamada algo así como "cosas que te quería contar" y se la leen el fin de semana. La idea no es reportar todo el día, sino dejar que alguien sostenga los detalles contigo.
Cuando tu vida social se adelgaza
Díselo claro a tus amigos: "Ahora tengo los sábados libres, sigan invitándome". La gente suele dejar de invitar porque supone, no porque no te quiera ahí. Di que sí más seguido de lo que te sale natural durante unas semanas y las invitaciones suelen volver.
Cuando el futuro pesa
Esta tiene menos que ver con compañía y más con certeza. Hasta un plan aproximado ayuda: un mes al que apuntan, la próxima visita en el calendario, una lista compartida de cosas que quieren hacer cuando vivan en la misma ciudad. Algunas parejas tienen una cuenta regresiva a la vista, en un calendario del refri o en una pequeña página con la fecha del reencuentro. Un número que baja cada día da una calma sorprendente.
Lo que conviene evitar
Algunos hábitos parecen alivio pero suelen complicar las cosas.
- Hacer de tu pareja la única cura. Si cada momento de soledad se convierte en una petición de llamada, la relación empieza a cargar más de lo que puede. Tu pareja puede ser una fuente de consuelo, no la única.
- Esconderla por completo. El error contrario. Si siempre dices "estoy bien", tu pareja no puede saber qué necesitas, y quizá empieces a resentirle que no adivine.
- Deslizar el dedo hasta que pase. Las redes están llenas de parejas que parecen estar juntas todo el tiempo. De madrugada, esa comparación casi nunca ayuda.
- Tomarla como un veredicto. Sentirte solo un martes no significa que la relación esté fracasando. Significa que es martes y están lejos.
Hablarlo sin que suene a reclamo
No es lo mismo "Nunca me llamas lo suficiente" que "Me he sentido sola en las noches, ¿pensamos algo juntos?". Lo primero invita a defenderse. Lo segundo invita a hacer equipo.
Intenta ser específico con el momento y la necesidad: "Los domingos en la noche me cuestan. ¿Los hacemos nuestra noche de llamada?". O: "No necesito hablar más rato, solo quiero oír tu voz antes de dormir". Las peticiones pequeñas y concretas son mucho más fáciles de aceptar que una sensación general de que nada alcanza.
Y pregúntale a tu pareja cómo lo está llevando. Puede que se sienta sola de una manera completamente distinta, y saberlo puede hacer que los dos se sientan un poco menos solos.
Cuando la soledad es algo más
La soledad común sube y baja. Si en cambio notas semanas de ánimo bajo, problemas para dormir, pérdida de interés en cosas que antes disfrutabas o pensamientos de no querer estar aquí, eso merece más que un mejor horario de llamadas. Busca a un médico, a un psicólogo o a un servicio de crisis de tu localidad. La distancia hace fácil ocultar cómo estás de verdad; esta es una de las veces en que no conviene hacerlo.
Otra forma de mirarla
La soledad estando lejos es, de una manera extraña, una prueba. Es lo que se siente querer a alguien cuando está lejos. No tienes que disfrutarla, pero tampoco temerle. Llena tus días de gente y de placeres pequeños, dile a tu pareja la verdad sobre cómo te sientes y deja que el silencio sea silencio de vez en cuando. Pasa, y suele pasar con más suavidad cuanto menos peleas contra él.
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